Discurso de la magistrada María Pardo Álvarez 2017

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21/08/2017
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Discurso de la Magistrada María Pardo Álvarez, Jura del Rey Ramiro I. 2017.

 

 MUJERES (ANÓNIMAS) EN LAS ARTES

“Ciertamente, es la hora de mirar con la valentía de la memoria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga historia de la humanidad, a la que las mujeres han contribuido no menos que los hombres, y la mayor parte de las veces en condiciones bastante más adversas. Pienso, en particular, en las mujeres que han amado la cultura y el arte, y se han dedicado a ello partiendo con desventaja, excluidas a menudo de una educación igual, expuestas a la infravaloración, al desconocimiento e incluso al despojo de su aportación intelectual. Por desgracia, de la múltiple actividad de las mujeres en la historia ha quedado muy poco que se pueda recuperar con los instrumentos de la historiografía científica. Por suerte, aunque el tiempo haya enterrado sus huellas documentales, sin embargo se percibe su influjo benéfico en la linfa vital que conforma el ser de las generaciones que se han sucedido hasta nosotros. Respecto a esta grande e inmensa « tradición » femenina, la humanidad tiene una deuda incalculable. ¡Cuántas mujeres han sido y son todavía más tenidas en cuenta por su aspecto físico que por su competencia, profesionalidad, capacidad intelectual, riqueza de su sensibilidad y en definitiva por la dignidad misma de su ser!”

Carta a las Mujeres, Juan Pablo II, IV Conferencia Mundial de la mujer, Pekín, 29/06/1995.

A lo largo de la historia han existido muchas heroínas secretas. Muchas mujeres que con sus actos han cambiado la percepción del mundo, que la han mejorado.

Enseguida nos vienen a la cabeza nombres de mujeres científicas, políticas o escritoras cuya labor, normalmente tras años y años de esfuerzo, perseverancia y valentía, se ha visto recompensada con un reconocimiento general (Madame Curie, Isabel La católica, Rosalía de Castro, etc.).

Pero existen muchas mujeres anónimas cuyos nombres se desconocen o no han trascendido en la Historia, y cuyos actos han sido fundamentales para el desarrollo de ciertos campos científicos o humanísticos.

Hoy recordamos un acto de valentía de siete mujeres que prefirieron mutilar su propio cuerpo antes que servir de moneda de cambio y vivir como esclavas. Una acción que tuvo como reacción la legendaria batalla de Clavijo, donde las tropas cristianas de Ramiro I de Asturias derrotaron a las de Abderramán II, y tras la cual se produjo la “Jura del Rey” donde el monarca prometía no aceptar nunca más el famoso “tributo de las cien doncellas”.

Se trata de un acto de valentía acaecido hace doce siglos, que aún recordamos y transmitimos de generación en generación. Por suerte, en nuestro día a día ya no es necesario actos tan extremos como desfigurar los rostros y cortarse las manos para lanzar un grito de libertad (o de auxilio), para reivindicar una vez más un férreo compromiso con la dignidad humana en todos los ámbitos de la vida.

A propósito de esta cruenta historia quiero aprovechar la oportunidad que se me ha brindado hoy para, a través de este micrófono, rendir un pequeño tributo a esas mujeres anónimas que, como estas doncellas, dejaron huella en las distintas manifestaciones de las artes.

Si revisamos la Historia comprobaremos que han existido más hazañas anónimas como la que nos reúne hoy aquí. Las conocemos gracias a su representación en obras de arte o en escritos que han perdurado por su belleza o valor simbólico, y que tenemos la suerte de revisar, estudiar y disfrutar en museos y bibliotecas.

En la Historia del Arte es habitual la recreación continua de la imagen de la mujer, que puede verse por ejemplo como diosa, soberana o musa de artistas y literatos, pero no es tan común encontrarla representada como parte activa de la creación artística. Conocemos infinidad de cuadros, esculturas y demás manifestaciones artísticas que en todos los tiempos han tenido como objeto representativo la mujer. Pero pocas pintoras y escultoras han sido tratadas en los manuales de historia del arte.

Y es que, aunque desde la Antigüedad ha habido mujeres artistas, no es hasta la década de 1970 cuando sus nombres trascienden y sus obras se muestran en los museos, pese a la calidad de muchas de ellas. Por múltiples razones de tipo social, moral y económico, siglo tras siglo, se impidió a las mujeres que accedieran al aprendizaje y desarrollaran libremente sus dotes artísticas. Especialmente llamativo ha sido que las mujeres de otros siglos no pudieran consagrarse a géneros como la pintura de historia o mitológica porque implicaba un conocimiento pormenorizado del cuerpo humano desnudo que les estaba vedado. Tal circunstancia hizo que se vieran obligadas a cultivar géneros considerados “menores” como el retrato, el paisaje o la naturaleza muerta, y sobre todo, que perdieran oportunidades de éxito en salones y concursos.

Todo ello contrasta con lo que cuenta la tradición. Dice Plinio el Viejo en su Historia Natural que la pintura fue una invención femenina; que la joven hija del alfarero Butades Sicyonius trazó sobre un muro el contorno de la sombra de su amado cuando partía para lejanas tierras…(quien sabe si será verdad).

Empecemos nuestro breve recordatorio con la figura de una hispanorromana. Egeria, originaria de Gallaecia (Galicia), quien a finales del siglo IV peregrinó a Oriente, visitó los Santos Lugares, y es considerada la primera viajera de la Historia y la primera escritora hispana.

Si continuamos con el recorrido histórico, la imagen de la mujer en la Edad Media está definida en gran medida por una perspectiva misógina heredada de la Antigüedad y de una errática interpretación de la Biblia. En esta época se identificaba a la mujer con la idea del mal, justificando con ello la inferioridad respecto al hombre. Pero a pesar de ese contexto, cabe destacar que sobresalieron también algunas mujeres en su papel como artistas (pintoras, escultoras) o escritoras. Yo quiero recordar a dos de ellas: la religiosa Hildegarda de Bingen o la noble y reivindicativa Christine de Pizan.

La alemana Hildegarda de Bingen fue una polifacética abadesa, física, filósofa, naturalista, compositora, poetisa y lingüista, que sin duda destacó sobre el resto de sus coetáneos y que brilló con luz propia durante la época medieval (Siglo XII). Además de sus libros de ciencia natural y de poesía, o sus composiciones musicales, hay que subrayar que fue la primera y única mujer en siglos autorizada por la Iglesia a predicar, cosa que hizo en numerosas giras por pueblos y templos de Alemania.

Por su parte, la italiana Christine de Pizan se puede considerar la primera escritora profesional de la historia. Su obra más conocida, “La ciudad de las damas” (1405) ha sido vista como una clara anticipación del feminismo moderno, una obra capital para la historia de las mujeres y para el pensamiento occidental.

Avanzando en el tiempo, habría que analizar, por ejemplo, cómo fue en la Edad Moderna el rol de la mujer como mecenas o promotora artística en el ámbito cortesano; las funciones inéditas que desempeñaron las mujeres emparentadas con los artistas para garantizar la continuidad y fortalecimiento de los talleres donde se producían las obras de arte; o la labor creativa de las mujeres en los conventos, frente a los gremios y Academias de Arte que vetaron su acceso a la instrucción y ejercicio profesional.

Aquí los ejemplos se multiplican pero no quiero dejar de hablar de dos nombres propios. La sevillana Luisa La Roldana que fue una de las mayores escultoras renacentistas (1652 y murió en Madrid en 1704) y fue la primera mujer en ocupar el cargo de escultora de cámara de un rey, primero de Carlos II y después de Felipe V.

Y por otro lado, de la artista romana Artemisia Gentileschi (Roma, 8 de julio de 1593 - Nápoles, hacia 1654), hija de pintor toscano, uno de los grandes representantes de la escuela romana de Caravaggio. Artemisia Gentileschi es considerada en la actualidad como una de las principales figuras de la pintora barroca, pero el contexto en el que vivió fue particularmente difícil. Fue introducida a la pintura en el taller de su padre, mostrando más talento que sus hermanos, que trabajaron junto a ella. A los diecinueve años, dado que el acceso a la enseñanza de las academias profesionales de Bellas Artes era exclusivamente masculino, su padre decidió asignarle un preceptor privado, Agostino Tassi. Teniendo Artemisia 25 años, Tassi abuso de ella. A la terrible agresión sexual le siguieron un juicio, donde fue incluso torturada para asegurarse que decía la verdad, y la marca de la deshonra, llevó a su padre a organizar a su hija un matrimonio arreglado.

Este episodio, aunque marcó su carrera, no la truncó. Unos años después, Artemisa comenzó a disfrutar de un incipiente éxito y fue la primera mujer en ingresar en la Accademia del Disegno (Academia del Dibujo) de Florencia.

En literatura también damos con diferentes personalidades, pero tal vez podríamos destacar a la religiosa, poeta y dramaturga novohispana Sor Juana Inés de la Cruz, exponente del Siglo de Oro de la literatura en castellano quien censuraba en sus escritos a los "hombres necios".

Y si miramos en épocas más recientes, comprobamos otros actos heroicos que han marcado el devenir histórico. Recordemos a María Isidra Quintana de Guzman, primera mujer que ingresó como numeraria en la Real Academia Española en 1784; a la pintora francesa Rosa Bonheur, que pidió permiso en la segunda mitad del XIX para llevar pantalones e introducirse en lugares exclusivos de hombres, como las ferias de ganado, donde observar a los animales que pintaba; a Elena Maseras, la primera española que se matriculó en la Universidad en 1872, concretamente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona (aunque no había una prohibición expresa que impidiera a las mujeres realizar estudios superiores, ello se consideraba algo fuera de lo común).

Recordad también la importancia de artistas mujeres como la surrealista Maruja Mallo, una creadora tan genial como, todavía, no lo suficientemente conocida, tal vez ensombrecida por coetáneos como Magritte, Ernst, Miró y de Chirico.

Termino, no porque no tenga más ejemplos que citar, sino porque, el tiempo se me agota ya.

Y lo hago haciendo un alegato al poder de la cultura: aprovechemos el valor simbólico de la cultura para apoyar los valores educativos. Con la cultura y a favor de la cultura, a través de las buenas prácticas, conseguiremos una sociedad más avanzada. La concienciación y normalización de la sociedad es la única vía para llegar a la igualdad plena, para que las heroicidades no sean necesarias.

Muchas gracias

Simancas, 24/06/2017

 

María Pardo Álvarez

Diputación Provincial de Valladolid·Tel: +34 983 427 100·Fax: +34 983 267 919